Altos, bajos, hombres, mujeres, estudiantes, obreros; nada de eso importa, en la calle son uno solo. Entre tanta diversidad el rostro cubierto los une, los identifica en un mundo de exclusión.
Por Soledad Vargas
*Los nadie, poema de Eduardo Galeano
Cuando se iniciaron las movilizaciones estudiantiles a principios de mayo, nadie se imaginó que finalizando octubre todavía se mantendrían las masivas marchas y colegios o universidades en toma. El conflicto estudiantil ha marcado el 2011 y con el tiempo se ha transformado en un movimiento social que ha logrado reflejar el malestar de la población.
Miles de jóvenes se reúnen cada semana para manifestarse, el llamado puede ser de la Confech, el Colegio de Profesores o cualquier agrupación social, poco importa porque finalmente el deseo es salir a la calle, gritar consignas y demostrar la fortaleza del movimiento.
Fernando “el pollo” es uno de esos tantos jóvenes. Junto a sus amigos, Camila, Rosa y Antonio no se pierden ninguna marcha ni menos los incidentes. Intentan sacar la cuenta, han estado en más de 30. Al principio les daba miedo encapucharse, no lo creían necesario, pero con el paso de los meses se aburrieron de ser reprimidos, le perdieron el miedo al zorrillo y al carro lanza aguas y optaron por la violencia.
Son estudiantes, no viven en la pobreza ni en las poblaciones más emblemáticas, pero se sienten fuera del sistema, no son representados por la política ni ninguna autoridad, simplemente actúan y en las protestas logran dar con su nicho.
En el marco de estas manifestaciones, surge con más fuerza un actor social que parece estar olvidado, pero que durante cada marcha se hace presente; el encapuchado. Se les tilda de anarquistas, delincuentes, vándalos y violentistas, pero a fin de cuentas pocos pueden determinar quiénes son exactamente. Según Carabineros se les puede reconocer por su ropa; jeans, zapatillas y polerón. Una descripción demasiado amplia y poco eficaz, ya que ha resultado imposible evitar la presencia de los encapuchados.
Una mirada más profunda es la que entrega Gabriel Salazar, connotado
historiador chileno, quien plantea que los encapuchados no son meros delincuentes que ocultan su rostro, sino que son el reflejo de una sociedad violenta y excluyente y ante eso, aparece el encapuchado. En una de las últimas ediciones de El Ciudadano, el historiador señalo “Encapuchados” es una palabra instalada desde los medios conservadores y el poder político, que genera polémicas sobre un fenómeno que algunos prefieren estudiar para encontrar respuestas, mientras otros, como Hinzpeter, optan por el camino de aumentar las penas represivas para ver si terminan con los jóvenes que ocultan sus rostros.”
Son hombres y mujeres, algunos más jóvenes que otros, estudiantes, cesantes, trabajadores, que durante el día a día parecen no existir. Nadie se acuerda de ellos hasta que salen en el noticiario central lanzando piedras y armando una barricada. Pocos se preguntan quiénes son y por qué actúan con violencia. Nadie los asume, ni los respalda, pero finalmente son los que transforman en noticia una manifestación.
Sus intereses son diversos, no necesariamente están ligados a la política, algunos buscan divertirse, a otros les gusta sentir la adrenalina, algunos lo ven como un acto de justicia ante la violencia policial y otros lo entienden como un acto político contra el Estado y el sistema.
Pero ellos no nacen ni mueren en las marchas, sino que están presentes en todo momento. ¿Y el resto del tiempo donde están? El resto del tiempo parece que no existieran, son ellos, los marginados por el sistema, olvidados y muchas veces acallados mediante la droga que consume a las poblaciones.
La exclusión es permanente. Están marginados de un país que se jacta de sus éxitos económicos, pero al mismo tiempo ellos son los que trabajan y permiten que Chile sea un país exitoso. Al mismo tiempo ellos también se separan del resto de la sociedad, se diferencian ocultando su rostro, ejerciendo la violencia e imponiendo el miedo a los que no son como ellos. Aunque no tienen una bandera, un símbolo o un color que los identifique, el simple hecho de ocultar sus ojos los hace ser parte de un algo
Durante las últimas manifestaciones se ha producido un aumento de encapuchados. Ante esto las soluciones del gobierno se basan en el aumento de penas, en el discurso de la mano dura que a estas nuevas generaciones poco asusta. Carabineros creó un equipo especial contra los encapuchados llamado “Los cazadores” compuesto por personal de fuerzas especiales y agentes del OS-9 con el objetivo de identificar a estos personajes y poder conseguir las pruebas para condenarlos.
Fernando y sus amigos se ríen ante la nueva medida de Carabineros, aseguran que no servirá de nada, que esa no es la solución. El problema es mucho mayor y afirman que mientras algunos vivan en mansiones y otros en la pobreza, los encapuchados y la violencia no desaparecerán
brigido , me gusto la nota jajajajajaja