Del miedo a los pacos a la irrupción de los encapuchados

Las diversas marchas que se han realizado este año, me han servido para analizar y mirar un poco al pasado, a esas marchas de antaño, de mis tiempos escolares, por el 2004 y la primera conclusión es que los estudiantes hemos cambiado positivamente.

El miedo se ha ido diluyendo con el tiempo, no somos los hijos de la dictadura, si un paco nos lleva detenido, sabemos que después de varias horas y lumazos, estaremos en casa. La protesta de la población se ha trasladado a la calle y los encapuchados aumentan en cada marcha, ya poco queda del miedo

Por Soledad Vargas

En un inicio iba a las marchas del primero de mayo con mi padre y alguno de sus amigos, después lo acompañe a las del 11 de septiembre. El guanaco y el zorrillo eran armas efectivas, a mi me asustaban y solo los más valientes, esos universitarios que finalmente eran un misterio con su rostro cubierto, eran los que daban la pelea, siempre injusta y dispareja.

La emoción no pasaba más que por mirar, pero solo un poco porque el gas lacrimogeno era fuerte. Varias veces tuvimos que correr entre las tumbas, escondernos tras algún auto y buscar un camino para regresar a casa.

Las marchas de estudiantes eran distintas, tenían otra lógica, era el espacio de libertad donde todos queríamos ser rebeldes, ser el universitario valiente, de buen físico y sin miedo. Pero finalmente no lo eramos, corríamos ante la aparición del guanaco. corríamos demasiado y nos cansabamos, el miedo a la violencia policial era grande.

Se habían escuchado tantas historias, yo había visto varios documentales de la dictadura, hijos de la generación más reprimida que se apropió de la palabra “cuidate”. Si te llevaban detenido, aparte de quedar catalogado como un “pollo” implicaba el temor al bus policial, qué pasaba adentro, cómo te contactaban con tus padres, te revisaban, finalmente qué hacían los pacos era el misterio y el miedo.

Las marchas estudiantiles del 2004 y 2005 se centraron en temas específicos, alza del pasaje era uno de los motivos, alguna decisión del Mineduc, pero jamas se exigió educación gratuita, nadie hablaba de la LOCE o la desmunicipalización.

La primera vez que el guanaco me ataco directamente tenía 17 años, y aunque era grande, por mucho tiempo tuve miedo. Esa vez caí al suelo, me pegue en el hombro y mi grupo de amigos ya no estaban. Solo habían unas tres personas más victimas del chorro de “agua”. Ellos se fueron, yo también.

Esas marchas eran pequeñas, si llegaban 5 mil personas era una cifra respetable, digna de celebración. Muy pocas veces estas marchas eran autorizadas y el recorrido era un clásico, desde la pileta de república al Mineduc o desde la Plaza Italia. Algunas veces logramos llegar, en otras era correr y correr hasta estar a salvo.

Era casi una regla ir con uniforme, le daba estilo andar de “pingüino”. Los que siempre llegaban eran los del Aplicación y el Nacional, en eso, poco ha cambiado la historia.

Tras la revolución pingüina del 2006, el temor a la represión fue cambiando, los estudiantes salíamos a la calle con más libertad, inolvidable van a ser esas tarde en que frente a la casa central de la Universidad de Chile se prendían barricadas que duraban horas. aumento la cantidad de manifestantes y el petitorio era mucho más amplio, más atrevido y sin duda, con un fondo mucho más potente.

Actualmente a las marchas asisten miles de personas, solo en Santiago se han llegado a reunir 200 mil, en regiones las movilizaciones también han sido mayores. Cada día se ven más encapuchados, que dejaron de ser los universitarios, quienes antes solían protestar desde su universidad. Hoy la capucha esta en la calle, en la Alameda o Blanco Encalada, el lugar poco importa. Hombres y mujeres se cubren el rostro y salen a enfrentarse con Carabineros. No importa la edad, ni el nivel educacional.

Hoy el miedo ha quedado de lado. He tenido la oportunidad de asistir a las dos ultimas marchas en Valparaiso, donde el guanaco es más toxico, las bombas son más fuertes y la gente es más aperrada. Da lo mismo salir estilando, que el guanaco te moje o los piquetes actuen con violencia. Los manifestantes no se mueven y una cantidad impresionante de piedras se ven volar.

El carro policial ya no asusta, ni fuerzas especiales. Las camaras, que se han masificado notablemente han permitido recolectar muchas más imagenes de las marchas y la prensa de mercado dejó de ser la unica alternativa de información. Eso tampoco ha cambiado, siguen mintiendo e intentanto hacer creer que todos los desmanes son causados por delincuentes.

Hoy me puedo parar frente a un paco de fuerzas especiales, grabarlo así como ellos también se dedican a grabar, son increpados, ya no todos corren ante la presencia de los piquetes, hoy el zorrillo da menos miedo, las bombas se patean o siempre hay alguien preparado para devolverlas. El guanaco dejó de asustar.

Poco a poco los resabios de la dictadura se van terminando, al menos en las calles, ya que en las leyes, sigue más vigente que nunca.

 

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Un pensamiento en “Del miedo a los pacos a la irrupción de los encapuchados

  1. Me parece un excelente trabajo, muestra de forma sintética la revolución pingüina y la actual y sí es verdad esta generación de jóvenes está cambiando Chile. Por eso les tienen miedo, porque ustedes no les tienen miedo. Pareciera ser que por fin se le está perdiendo el miedo a la dictadura. Maravilloso relato desde tu propia experiencia. Felicitaciones!!!

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